sábado, 7 de septiembre de 2013

Ética promiscua vs 50 sombras...




"Cada persona que conoces te ofrece un espejo único en el que ver una nueva imagen de ti.  Y cada amante engrandece tu visión del mundo y profundiza en tu propio conocimiento."  Dossie Easton & Janet W. Hardy


Hay libros grandes que son voluntariamente modestos. Y hay otros que, como una tormenta tropical, hacen un ruido atronador pero con los que, al leerlos, tu curiosidad e interés se secan enseguida. 
Leí tres cuartas partes del primer volumen de la famosa trilogía y tuve la misma sensación que al mascar un chicle. Con cierta chispa al principio y cada vez más insulso según iba avanzando. Estoy de acuerdo en que es posible que haya contribuido a que algunas personas se acerquen a sus fantasías con una calma o legitimidad de la que antes que carecían. Pero son solo eso, fantasías, pues lo que el libro transmite en el fondo son los mismos estereotipos de siempre sobre la sexualidad y las relaciones amorosas.
Hoy, antes de escribir esta entrada, he hecho una rápida consulta en google comparando los resultados de la búsqueda de “50 sombras…” con los de “Ética promiscua”, y los números son un tanto escandalosos, tanto con los títulos en inglés como en español. Es más, de este último no he encontrado ninguna reseña que no provenga de algún blog pequeño y personal como el mío. Es probable que las haya, pero yo no he sido capaz de dar con ellas.
Esta pesada y errática introducción, que no sé si viene a cuento de nada, es en lo que yo pensaba estas últimas semanas cuando releía algunos de los capítulos que más me han impresionado de “Ética promiscua”. Y digo releer porque, bajo un lenguaje sencillo y un estilo casi de manual de ayuda, este libro habla de temas complejos con respeto y generosidad, poniéndose siempre a la altura de cualquier lector y huyendo del pedestal de la pedantería.
El libro, al menos en su edición en español, se define como “Una guía práctica para el poliamor, las relaciones abiertas y otras aventuras”. Y, aunque certero, a mí me resulta un poco limitado,  pues prefiero verlo como un paso más en la aventura del conocimiento. 
En un tiempo en que casi todas las causas parecen casi perdidas, ampliar los horizontes del amor, de las relaciones personales y del placer debería ser algo más y mejor que una lejana utopía. Y como Dossie y Janet dicen al final de su libro, hacer de la abundancia un fetiche es una saludable manera de entender la vida.
Un último consejo para los que se animen con esta aventura. Si hay algo que te aburre, o que en ese momento no te interesa, pasa de largo y sigue leyendo.  Pero déjalo cerca, porque es un libro de múltiples lecturas.