viernes, 29 de junio de 2012

Hablando de juguetes


Recuerdo que cuando era niño me gustaban mucho los juguetes. No había muchos, es cierto, y era bastante frecuente que, en las fechas señaladas para los regalos, éstos tuviesen una función más práctica que lúdica (me ahorraré una enumeración prolija de ese tipo de presentes, pero digamos que calcetines, jerseys o pasamontañas formaban parte del repertorio habitual). Así las cosas,  descubrir el tipo de cosas que me atraían al dejar atrás los pantalones cortos fue como disponer de una segunda oportunidad: látigos, pinzas, dildos, máscaras, cuerdas (manejadas como ya sabéis con suma torpeza en mi caso) y un larguísimo etcétera de objetos con los que procurar placer y dolor.

Algunos fueron un fracaso y otros una pérdida de tiempo y dinero. Pero un buen puñado de ellos, a los que de vez en cuando se incorporan nuevos elementos, son mis juguetes (así, en cursiva y negrita). Y entre ellos, ocupando un lugar destacado, se encuentra este gato que, a pesar de su rutilante aspecto, me acompaña desde hace ya algunos años. Y cuando digo acompaña lo digo en un sentido literal, pues viene conmigo a cualquier evento o actividad, a pesar de las incomodidades que su transporte suele conllevar. Pero, ¿qué pistolero que se precie entraría en un saloon sin estar preparado para desenfundar el arma?


martes, 26 de junio de 2012

Palabras ajenas - Chuck Kinder








"Pero ¿adónde iba a ir y exactamente por qué?, reflexionó Bill mientras se enjuagaba la boca y hacía gárgaras con un sorbo de una botella de vodka medio llena que había descubierto encantado entre sus piernas, y que a continuación tragó. Bueno, iba a ir "allí". Pero ¿dónde estaba exactamente eso? Podías llamarlo anhelo y búsqueda de esa tenue aura que brilla sobre el horizonte que denominamos posibilidad, o emoción. ¿No había dicho Henry James en una ocasión que había dos estados mentales, la emoción y la ausencia de emoción, y que por desgracia la emoción era más interesante que su ausencia? ¿Quién era Bill para llevar la contraria a Henry James? O podías llamar a esa huída de casa la búsqueda de ese todo que llamamos amor."

lunes, 18 de junio de 2012

Ella también es sádica

Está enfadada. No lo manifiesta abiertamente, pero lo está. Se parapeta tras su revista con las piernas cruzadas sobre el sofá y, sin pasar página,  emite cada minuto un ligero bufido de hastío que podría confundirse fácilmente con uno de sus pertinaces brotes de aburrimiento. Pero sé que no es esa la razón.

La causa de su malestar es que lleva semanas insistiendo en que vayamos a un taller de bondage y yo siempre le respondo con una cortante negativa. Las manualidades nunca han sido mi fuerte y cada vez que he intentado atar a alguien he terminado enredado mentalmente y con pocas ganas de repetir la experiencia. Le sugerí que buscáramos  un experto para que la atase, suspendiese y todo lo que hiciese falta, pero no. Ella quiere que sea yo quien le haga los nudos. Y en esas estamos.

- ¿Sabes? - ha levantado la cabeza y me mira con una mezcla de intensidad e indiferencia - Me hubiese gustado conocerte cuando eras más joven.

Es una provocación, lo sé. De hecho, cuando yo saco a relucir este tema (sensible para mí), ella responde con pasión y coquetería que siempre le han gustado los hombres mayores.

Estoy a punto de levantarme e irme al baño dejándola con lo que sea que tiene preparado en los labios, pero caigo estúpidamente en su juego.

- ¿Y eso?

- Bueno, ya sabes... - deja la frase en suspenso unos segundos, en los que le da tiempo a dejar la revista a un lado, comenzar a masajearse el pie izquierdo y dibujar en su boca una sádica sonrisa - Seguro que cuando eras más joven meabas con más fuerza. Creo que echo de menos eso, un buen chorro que me rompa la cara.