domingo, 26 de febrero de 2012

Esto no es un blog de cine, pero... (y III)

Y  para acabar con esta serie, estas son las películas que por una u otra razón me han entusiasmado. Es posible que haya alguna conexión entre ellas, aunque yo desde mi subjetividad no se la encuentro.


Hay libros, autores o personajes que forman parte de la mitología personal, aun no siendo una persona especialmente propensa a ese tipo de identificaciones. Y es muy difícil que, cuando se traslada al cine una historia que tú has imaginado y recreado en numerosas ocasiones, no le encuentres defectos o que simplemente no te incomode por razones que no sabes explicar. Pues bien, El Topo consigue el raro milagro de calcar la atmósfera opresiva y fascinante de la serie de Le Carré dedicada al Circus y a George Smiley. Perfecta e impecable.


Drive es ante todo un depuradísimo ejercicio de estilo. Y también una brillante traslación del universo del western al cine negro contemporáneo. Un personaje, mitad cowboy mitad samurai, que se mueve entre las sombras y las luces de neón de una ciudad fantasmagórica, fiel a unos códigos que nunca se mencionan. Y por ello, un hombre sin pasado ni futuro.



Aquí no hay principios ni ambiguas posiciones morales. No habrá paz para los malvados es un descenso a los infiernos sin paracaídas ni coartadas de ningún tipo. Es una historia directa, brutal y narrada con un pulso extraordinario. Nunca he sentido tan cercana y veraz a una ciudad que me siempre me produce emociones encontradas. Para Coronado no hay adjetivos.


Inside job era (y continua siéndolo) una película imprescindible para entender el caos en el que llevamos metidos varios años. Sin embargo, Margin Call va aun más allá, añadiéndole el componente humano. Personas como las que aparecen aquí retratadas están detrás de las hipótecas subprime, del enriquecimiento salvaje y de la miseria moral en la que nos encontramos. Y no es tan fácil verlos como unos lejanos monstruos.


Nader y Simin es un prodigio para el que faltan las palabras, pero que demuestra que el verdadero talento no necesita de grandes presupuestos ni de espectulares efectos especiales. Una historia en apariencia sencilla y unos personajes auténticos, vivan en Irán o en la casa de al lado, que demuestran nuestra irremediable tendencia a hacer la vida más compleja de lo que debería ser. Un tapiz de pequeñas mentiras, orgullos mal entendidos y recelos que conducen a la desafección y el abandono. O, en otras palabras, una imagen sincera, comprensiva, pero nada complaciente, de cómo somos.


Los Descendientes es una película inmensa que consigue hacer sencillo lo que en realidad es extraordinariamente complejo. Un retrato entre tierno y ácido de unos personajes enfrentados a una tragedia inesperada y, también aquí, a la mentira que todo lo erosiona. Y, a pesar de todo, con naturalidad y sin estridencias ni falsos moralismos, una bellísima reivindicación del amor cotidiano y de la vida.

Y con esta publicación termino, pues a pesar de que queden cosas por ver, como dice la entrada esto no es un blog de cine, pero...

jueves, 23 de febrero de 2012

Este no es un blog de cine, pero... (II)

Para contrastar con los títulos del primer capítulo de este particular y muy personal resumen, hablaré ahora de las películas que dan más de lo que prometen, aunque les falte algo para ser obras redondas.


Es fácil caer en la tentación de etiquetar Moneyball como la típica película norteamericana de deportes o, lo que sería aun peor, dedicada al baseball. Y sí, tal afirmación tiene su parte de verdad, pero también estamos ante un film que habla con sobriedad y un sentido del ritmo extraordinario de lo difícil que es, allí y en cualquier otra parte, luchar contra los estereotipos y las creencias generalmente aceptadas. Por lo demas, los diálogos son excelentes, la realización impecable y Brad Pitt está enorme.


En el improbable e hipotético supuesto de que no hubiésemos oído nunca hablar de Stieg Larsson, o de que no hubiésemos visto las previas adaptaciones para cine o televisión, seguramente hoy estaríamos hablando de Millenium como del mejor thriller de los últimos años. Y aun habiendo leído y visto todo lo habido y por haber, la película se devora. Es David Fincher, claro. Aunque no alcance el nivel de complejidad que tenía Zodiac.


Tengo que confesar que, desde hace unos años, no disfruto en exceso con las películas de Allen. Sin embargo, Midnight in Paris, sin ser una de sus películas mayores, me recuerda la frescura de Granujas de medio pelo o Misterioso asesinato en Manhattan. El reparto es extraño y desajustado, pero es increíble que un tipo de casi ochenta años muestre esa pasión por el cine, la vida, la literatura, el amor...


Un dios salvaje es una obra casi perfecta. Brillante, ingeniosa y salvaje como su propio título. Adaptación magistral de una obra de teatro, con unos actores y actrices en estado de gracia a la que le sobra talento y le falta humanidad. En otras palabras, te remueve pero no te conmueve. Soprendente pero cierto: no tiene ni una sola nominación, aunque no creo que Polanski ardiese en deseos de viajar a LA.


No, claro, Blackthorn tampoco está nominada. Aunque se trate de un western crepuscular y elegante, con algunas escenas bellísimas y que se adentra con respeto (quizás demasiado) en la mitología del cine y de Estados Unidos. A mí, a pesar de su correcta interpretación, me sobra Noriega, que está muy profesional pero no puede dar la deseada réplica a la monumental interpretación de Sam Sheppard.

lunes, 20 de febrero de 2012

Esto no es un blog de cine, pero... (I)

Uno, que tiene sus irremediables hábitos y costumbres, por tontas que estas sean, acostumbra a perder una noche al año contemplando el interminable y aburrido despropósito que suele ser la gala de los óscar. Este año no lo haré, por razones que no vienen al caso, pero en su lugar, y aprovechando las fechas, resumo con cierto desorden las sensaciones que el cine me ha producido este año.

El primer capítulo está dedicado a las que dan menos de lo que prometen, o prometen más de lo que dan (obviamente no están todas, pues la lista sería interminable):


Shame es una película potente y audaz, con dos escenas extraordinarias que se mueven en el tiempo dentro del espacio opresivo de un vagón de metro, y con unas interpretaciones sublimes de Fassbender y Mulligan. Pero también es un film pretencioso y por momentos hueco, incluso moralista a su pesar, cargado de un tremendismo innecesario.







The artist es una historia pequeña y hermosa, un cálido y sentido homenaje al cine de cualquier época. La fotografía es preciosa, la pareja tiene una química indudable, algunas escenas casi tienen grandeza, pero... Se olvida con facilidad. O se olvidaría de no ser por la incríble campaña mediática desplegada a su alrededor. Es muy probable que sin todo ese ruído la recordarse con más cariño.


Un método peligroso. Como en el caso de Shame, es un placer que se hagan películas que toquen estos temas de forma respetuosa y madura. Fassbender de nuevo, junto con la aparente sencillez con la que se nos cuenta algo extraordinariamente complejo, son lo mejor de la función. Pero yo esperaba más de Cronenberg y de esta historia.


Beginners. ¿De verdad esta película tiene algo interesante además de la interpretación de Cristopher Plummer y la frágil belleza de Mélanie Laurent? Si, claro, lo olvidaba, comparte las gracias del perro con "The artist".


J. Edgar. ¿Película fallida y en bastantes momentos aburrida? Sí. ¿Película carente de interés? No, en absoluto. Sin embargo, el retrato humano de este personaje siniestro y complejo proyecta demasiadas sombras, o las luces que proyecta sobre las sombras son insuficientes. Con todo, di Caprio es un monstruo y la película tiene ese toque de elegancia y sobriedad tan propio del maestro.

lunes, 6 de febrero de 2012

El Deseo


“La grande force est le désir.”
G. Apollinaire

El Deseo
De sorber cada minúsculo fragmento
Y jugar
Con los ojos vendados
Hasta que la última carta
Nos desvela
Quien  "juega" siempre
La misma partida

El Deseo
Inevitable
De habitar la noche y sus misterios
Y abandonar
Por un brevísimo instante
La  férrea conciencia
Que nos habita y devora

El Deseo
Ese Deseo violento
Casi suicida
Que no entiende
De pactos ni de plazos
Para el que sobran versos
Y faltan diccionarios