jueves, 26 de enero de 2012

Sesión de cine


Vamos al cine a la primera sesión de la tarde y comprobamos que, a pesar de esta hora intempestiva, hay demasiada gente en la sala, como suele suceder en las fechas previas a los Oscar.
Nos acomodamos cerca de la pantalla, junto al pasillo, en un intento por evitar cercanías indeseadas. Las luces se apagan y empiezan los anuncios y trailers. Todo parece ir bien. Sin embargo, justo cuando va a comenzar la proyección de la película, veo pasar a mi lado a un individuo rijoso y me resulta imposible no percibir el cubo gigante de palomitas y un vaso enorme de cocacola. Se sienta trabajosamente delante de mis narices y, ya con los títulos de crédito, comenzamos a oír el regular sonido de sus dientes masticando y de su boca sorbiendo el pringoso refresco. 
Ella me da un codazo. La miro y observo su cara de vómito. Empiezo a sentirme muy incómodo. El ruído no cesa. Acerco mi cabeza a su oreja (la de ella) y le susurro unas sencillas instrucciones. Me mira con cierto aire de estupor no exento de rebeldía. Acerco mi mano y aprieto con fuerza su pezón hasta que suelta un grito ahogado. Espero unos segundos y, cuando ya me dispongo a repetir la operación, ella se levanta, pasa por delante de mí (lo que aprovecho para propinarle un buen pellizco en el culo) y, con la impresionante ligereza de un Houdini redivio, se sienta junto al tipo sin armar ningún alboroto. Algunas cabezas se vuelven, es cierto, pero sus movimientos pasan casi inadvertidos.
Por la rendija que hay entre las dos butacas situadas frente a mis rodillas, compruebo que ella se ha recogido el vestido y muestra su delicioso muslo izquierdo. Por un instante, cesan los molestos sonidos, aunque pronto son sustituidos por un leve jadeo. Veo que desplaza su mano y, por la dirección que ha tomado, no sé si está quitándole el precioso tesoro alimenticio o si se ha instalado con precisión en el centro de otro universo. Debe ser esto último, pues el hombre se remueve inquieto, su respiración se entrecorta y mueve el cogote como si estuviese a punto de ser decapitado. De pronto, se encoge en el asiento y oigo el impacto de las palomitas chocando contra el suelo. Se levanta bruscamente sin nada en las manos, ocupadas como están en sujetarse la entrepierna, y abandona la sala como quien se siente perseguido por el diablo.
Ella regresa a mi lado con una sonriesa traviesa en sus labios. Definitivamente, hay días en los que sus habilidades no tienen precio.

lunes, 23 de enero de 2012

Desquicios de madrugada




¿Somos un grupo de gente corriente
hechizada por un sueño extraordinario
o almas extraordinarias
atrapadas en una vida corriente?
En las noches insomnes
imaginamos un mundo
que la vigilia desvanece
con tan sólo tocarlo.
Pero también,
como las estatuas oscuras
de un panteón olvidado,
nos alzamos espléndidos
bajo la temblorosa luz
del parpadeo ajeno.
Puede que la vida
sea sólo eso,
un suspiro que se escapa,
un violento ajetreo,
un cansado ir y venir
entre puñetazos y besos.


jueves, 19 de enero de 2012

Wasabi & tears

Estamos cenando en un japonés. Como en otras ocasiones, he pedido una variedad de platos que vamos degustando sin ninguna prisa. Ella, sin embargo, está más habladora de lo que ya suele ser habitual, y veo que el shiitake está a punto de quedarse frío sobre su plato. Hago ademán de cogerlo con mis palillos y le digo que cierre los ojos y abra la boca. Sonríe complacida, pensando quizás que deseo darle de comer. Aparto el shiitake y, en su lugar, tomo un hermoso trozo de wasabi que deposito con extremo cuidado sobre su lengua.
- Saboréalo. Lentamente. Y no me mires al hacerlo.
Sus labios se contraen, las facciones se crispan. En un gesto instintivo, parece que vaya a escupirlo. Pero aguanta. Aun así, unas gruesas lágrimas empiezan a surcar su rostro. Mi polla se endurece. Y dudo entre enviarla al lavabo o llevarla a casa para apagar el incencio.

jueves, 5 de enero de 2012

To sleep or no to sleep:



Me gusta descansar unos minutos después de comer. Me recuesto en la butaca, estiro las piernas y cierro los ojos desconectando de todo. Ella sabe que debe respetar ese breve lapso de tiempo y generalmente lo hace. Hoy, aunque permanece en silencio, se sienta en el suelo, a un palmo de mi cuerpo.
Siento su respiración, más agitada de lo habitual, e intuyo que desea algo. Una fugaz mirada me basta para comprobar que ha dejado sus muslos al descubierto, entreabiertos, con la mano jugueteando torpemente con los botones de su blusa. Sé que está pendiente de mí y de que es consciente de que no duermo. También de que puede verme, aunque sea de forma parcial, pues su cabeza se encuentra a la altura apropiada por si deseo tirar de su pelo y restregar su rostro por mis huevos. Posiblemente es eso lo que busca y espera.
Pero no, ya que ha estropeado mi sueño, lo que hago es sacarme la polla y comenzar a acariciármela hasta que alcanza la dimensión adecuada. Ella entonces intenta girar la cabeza, pero con un gesto brusco la vuelvo a colocar donde estaba. Abre aun más los muslos, un botón cae rodando por el suelo, veo cómo se muerde los labios hasta hacerse una pequeña herida de la que brota un hilo de sangre. Me masturbo con violencia, apretando la polla entre mis dedos. Ella lo siente, incluso lo huele, pero no puede verlo. Imagino su coño desnudo sobre el suelo indiferente y frío, y un latigazo de placer me sacude el cuerpo. Dejo que salga hasta la última gota. Después, me limpio las manos en su pelo.

miércoles, 4 de enero de 2012

José Mª Álvarez



"Contemplo una ciudad arrodillada
ante el espejo de la Sumisión
Los salones de un Club abandonado
Los camareros
a esa hora
en que también los camareros han bebido
Y digo
Oh Melancolía
bailo contigo cuando bailo solo."