jueves, 3 de noviembre de 2011

Amor, BDSM y Sexo con burbujas

La vida es una experiencia extrema que, más temprano que tarde, termina por consumirte. Ese conocimiento, consciente o inconsciente, pero casi siempre perturbador, constituye el motor de la existencia.
Algunos buscan una suerte de equilibrio interior, otros intentan apurar todas las copas como si se tratase de la última que han de beber, y la mayoría (o todos, según el momento) sucumbre al narcótico más poderoso: el tedio.
Escudriñamos el más allá y el más acá a la caza de una respuesta tal vez inexistente. Miramos al cielo, al espejo o a los ojos del prójimo con la vista nublada por la soberbia y la desesperación del que desea ser especial y, en el fondo, sabe que es poco más que nada.
La intensidad en el amor, la caricia extrema, el delirio y el abandono, la entrega y el control absoluto, la piel encendida, la carne inflamada... Todo eso nos hechiza y conmueve, conjura los miedos más atávicos y, en algunos mágicos instantes, nos vuelve inmortales.

5 comentarios:

Olivia dijo...

En tu último párrafo te mueves por los extremos que poca gente sabe disfrutar, y lo que es mucho mejor, los extremos que poca gente ha vivido...

Lo bueno de los extremos... es que siempre se puede ir un poquito mas allá y nunca se acaban...

Me gusta mucho cómo escribes....

algamarina dijo...

Situaciones emblemáticas, en su acto de análisis, que indudablemente, fascinan... Un placer leerlo!

A la espera de su paseo por mi humilde playa, le envíos saludos azules...

Marlowe dijo...

Olivia,

En los extremos, a veces, que no siempre, es donde reside el juego.

algamarina,

Gracias por tus visitas y comentarios.

Monica dijo...

Y aún así, concluidos esos instantes en el olimpo, puede que regresemos de nuevo a donde, en realidad, pertenecemos... al tedio más absoluto (o no).

Marlowe dijo...

Pues sí, por ahí van los tiros a veces. Gracias por tu visita y tus comentarios.